El impacto de los criterios ESG en el diseño de oficinas

Las oficinas han cambiado. Pero este cambio es una constante en el sector, ya que los espacios de trabajo se adaptan constantemente a las necesidades y dinámicas de las empresas. La última gran ola de transformación, con el desembarco del trabajo híbrido, ha puesto sobre la mesa la salud y el bienestar de los trabajadores, así como la potenciación de la colaboración entre los equipos como ejes prioritarios en su diseño.

Actualmente, el 70% de las empresas mantienen en mayor o menor cuota el teletrabajo. Por eso, la creación de espacios que preserven la salud mental de los trabajadores y su tiempo personal ha pasado a formar parte de los ejes de innovación empresarial, en un contexto donde los criterios ESG (Sostenibilidad, Gobernanza y Medioambiente) marcan la hoja de ruta.

Ni blanco, ni negro. Ni presencial, ni teletrabajo total. Según el Instituto Nacional de Estadística calculó que, en el 2021, un 17% de los trabajadores había teletrabajado en los últimos tres meses, pero este porcentaje decreció hasta el 13,8% en el 2023. Pese a la tendencia decreciente, la capacidad de teletrabajar sigue siendo una realidad y un criterio claro a la hora de escoger un espacio corporativo. De hecho, de media, los trabajadores españoles van tres días a la semana a la oficina, siendo el híbrido la tendencia dominante.

Los cubículos son historia. En el nuevo diseño de oficinas, la clave está en la capacidad de generar y diseñar espacios que atraigan talento. En este sentido, los modelos que aportan flexibilidad y tecnología aportan un valor añadido diferencial. Si una persona tiene que escoger entre quedarse en casa trabajando o ir a la oficina, estas últimas deben tener elementos de atracción, bienestar y confort que no estén disponibles en el hogar. Ya no es cuestión de sólo trabajar, sino de ofrecer una experiencia de usuario plenamente satisfactoria.

Las oficinas deben tener claro el perfil de empresa y sus equipos para atender sus necesidades en diferentes contextos: productividad, desconexión, socialización, colaboración o concentración individual.  Así, los servicios se integran en el diseño para ofrecer zonas de deporte, de lectura o espacios comunes para fomentar las relaciones interpersonales y potenciar la cultura empresarial. En este sentido, se invierten las jerarquías y los espacios individuales sirven de apoyo a los espacios comunes, y no al revés.

La flexibilidad es otro pilar, más cuando las empresas tienden a trabajar por proyectos y con metodología “agile”. Esto implica que los equipos varían, las tareas se diversifican y los ritmos de trabajo se adaptan a los cambios. En este sentido, las oficinas han adquirido y aprendido de la experiencia hotelera, referente en satisfacer las necesidades de sus usuarios. Por poner algunos números, desde la irrupción del teletrabajo, los espacios comunes se han duplicado en las oficinas, representando el 44% del espacio frente al 24% de 2019, situándolas como punto de encuentro y motor de innovación y creatividad.

Finalmente, otro eje fundamental es la sostenibilidad de los espacios de trabajo. Si no se toman medidas para adaptarse a los estándares sostenibles, el 76% del stock de oficinas puede quedar obsoleto en menos de diez años. Además, las prácticas sostenibles son de interés creciente entre los trabajadores y las empresas: eficiencia energética, materiales sostenibles o energías renovables.

Unas oficinas alienadas con los ESG no sólo facilitan un aumento de su rentabilidad, sino que el impacto de los criterios ESG es motor de atracción de talento e innovación empresarial, capaz de ofrecer un espacio, un entorno y unos servicios que se adaptan a las necesidades presentes y de futuro.

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